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En 2018 CONGRESO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN EN DERECHO EDUCATIVO EN BRASIL



martes, 21 de abril de 2020

EL DERECHO EDUCATIVO ES UN CAMINO DE CREENCIAS


El derecho es la creencia en la corrección, tanto del patrón de conducta exigida por las normas, como de la fuerza correlativa con que se sanciona al infractor y que desemboca en la obediencia al patrón normativo.

Todo lo que crees es mentira. Todo lo que ves del mundo es imaginación. Hay que entender que las creencias son creaciones.

Las creencias comienzan siempre por ser ocurrencias o ideas en sentido estricto. Lo que ocurre es que esas ideas se consolidan al punto de transformarse en realidad misma, en referencia básica desde la cual actuamos y con la que contamos en todos los órdenes de la vida.

Muchas personas saben que es mentira, pero mantienen la creencia hasta que le sirve, cuando deja de servirles, la sueltan.

Cuando se cree en una idea significa que esta idea es la realidad y, por tanto, dejamos de verla como idea.

Las creencias son los cimientos que soportan todo lo demás, constituyen la base de nuestra vida. Toda nuestra conducta, también la intelectual, depende de cuál sea el sistema de nuestras creencias.

Con nuestras creencias estamos inseparablemente unidos, al contrario, acontece con las meras ideas, de las que siempre nos separa una distancia infranqueable: la que va de lo real a lo imaginario.

Podemos decir: las normas son razones para actuar mediante la creencia. La obediencia al derecho, en su doble vertiente de aceptación del poder y ejecución del poder por los órganos encargados al efecto, hunde sus raíces en la sumisión traditiva articulada por la creencia. Y autoridad viene de la voz “aígere” que significa «hacer creer»".

El pensamiento evoluciona, pero nuestras creencias no. Nuestras creencias siempre nos van a llevar a algo igual a lo que estamos viviendo. Si por ejemplo tu crees que para que algo funcione tiene que usar el “castigo”; como hace 40 años; estas equivocado, pero eres cautivo de tus creencias.

En Argentina como en Latinoamérica se creía que el campesino (mayoría inmigrante) debía trabajar el suelo para beneficio del dueño de la tierra, y por esa desigualdad, el campesino pretendía que sus hijos estudiasen, para conseguir una profesión autónoma; o que el certificado que obtenía podría darle una posición social mejor.

La importancia de la creencia en nuestro quehacer cotidiano es cuantitativamente grandiosa, aunque no seamos conscientes de ello.

Nada hay más desigual que la relación jurídica, en la que alguien por su propia función manda y otros, también por definición, obedecen.

El sistema educativo sostenía que concurrir a la escuela publica era una de las mejores garantías para lograr el ascenso y la inclusión social y esa creencia fue afianzándose y consolidándose en la creencia de la sociedad que adopto el sistema materialista y capitalista.

El Derecho Educativo, es la creencia en la corrección tanto del patrón de conducta exigida por las normas como de la fuerza correlativa con que se sanciona al infractor y que desemboca en la obediencia al patrón normativo.

La educación publica obligatoria era un recurso plasmado en las normas educativas del siglo pasado para lograr vencer el alfabetismo y los programas estaba concebidos para preparar personas para las fábricas que estaban en auge, lo mismo que el sistema capitalista.

Este compendio de normas educativas saco a mucha gente de las tareas del campo y los fue amontonando en los centros urbanos.

El Derecho Educativo está compuesto por normas cuyo carácter vinculante es admitido, no por la bondad de su contenido sino por provenir de la voluntad de una autoridad reconocida; de un sistema o una persona a la que se debe obedecer.

La obediencia, a diferencia de la conformidad, brota de las desigualdades humanas. Nada hay más desigual que la relación jurídica, en la que alguien por su propia función manda y otros, también por definición, obedecen.

El derecho es, antes que nada, fuerza que se impone de hecho.
A la creencia no se le aplica la contradicción, no se la refuta con razonamientos, pues, la creencia, como decía Nietzsche, no es la consciencia de la verdad, sino un «tener por verdadero».

Las creencias puedes cambiarlas con frecuencias; deja de justificar tus creencias, cada vez que te justificas, alimenta esa creencia, en la medida que defendemos nuestras emociones, defendemos nuestros miedos y nuestras rabias.



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