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jueves, 25 de julio de 2013

EL DERECHO EDUCATIVO DEBE CAMBIAR PARA ADAPTARSE A LA CONVIVENCIA.

Del dialogo nace el consenso. La imposición es un monologo que solo tiene eficacia con la sanción (miedo al castigo).
               El objetivo de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismo, y no para ser gobernados por los demás.
               El informe Delors nos indica que debemos “aprender a ser” para luego “aprender a convivir”.
               Teniendo en cuenta estas premisas, el Derecho Educativo debe cambiar para adaptarse y poder crear y modificar las normas de convivencia en la escuela.
               El Plan de Derecho Educativo para la Convivencia Escolar (PDECE) aconseja que el derecho en la escuela, representado por las normas de convivencia, tenga las siguientes características:
               1) No debe ser impuesto por ningún tipo de mandato –social y/o cultural- sino que debe ser consensuado y aceptado por toda la comunidad educativa. Si tenemos en cuenta que se indicó que amaras a tu prójimo como a ti mismo, nos daremos cuenta de inmediato que debemos tener un absoluto respeto con nosotros mismos y nos entrega la tarea de amar a los otros de la misma manera, cuando logremos hacerlo resultará inconcebible el autoritarismo, la imposición y la menor falta de respeto en nuestras relaciones con los otros integrantes de la comunidad escolar.
               2) Debe ser una normativa abierta que se pueda cambiar en cualquier momento cuando las circunstancias así lo ameriten con el solo requisito de que todos los integrantes de la comunidad educativa la acepten y la crean conveniente para el bien de todos.
               3) Que cuando se cree una norma o se la modifique, que esta contemple las necesidades de cada uno de los participantes y siempre el regulador puesto en el bien común.
               4) Para formular las normas de cada escuela se debe desterrar por completo las verdades absolutas, estas existen desde los principios del tiempo, por ello siguen siendo determinantes de la interferencia en la convivencia. Las definiciones absolutas, verdades reveladas, dicotomías impuestas, no  nos permite la posibilidad del aprendizaje, del dialogo y de la armonía para la vida en convivencia.
               5) Como dice el informe Delors eduquemos a aprender a “Ser” y no a “tener” para que no se confundan convicciones que generan el consumo, dejando de lado al ser humano. Es decir que debemos construir normas de convivencia que valoricen a la persona humana y no a lo que esta posea como bien material.
               6) Debemos contemplar los intereses de los menores, que deben ser tratados y comprendidos como sujetos; y no como objeto de nuestros intereses.
               7) Debemos entender que somos seres únicos e incomparables. Hay que evitar toda competencia, no debemos compararnos con los otros, debemos tener la suficiente autoestima para poder crecer en convivencia, la competencia es desigual, frustrante y no nos permite nuestro desarrollo.
               8) Todo integrante de la comunidad educativa debe participar con libertad para elegir lo que considere más importante para sí y para toda la comunidad, sin admitir que otros o una mayoría decida por él; en una decisión ajena a su persona y su sentir.

DEBEMOS APRENDER A SER PARA PODER CONVIVIR
               Si queremos realizar normas de convivencia eficaces debemos prepararnos aprendiendo a ser para luego aprender a convivir. En lugar de perseguir alcanzar metas debemos conseguir crecer como comunidad escolar.
               No debemos buscar afuera los valores para incorporarlos a nuestro ser, porque no lo vamos a alcanzar. Los valores están en nosotros y su aprendizaje permite nuestro crecimiento personal y la interacción con el otro que es parte de nuestro ser.
               En nuestra sociedad actual se valora mucho mas el tener algo material que evolucionar como persona, es decir desarrollar nuestro propio ser.
               El contenido de las normas de convivencia deben trasmitir conocimientos y valores para que cada individuo la use como herramienta para desarrollarse y desplegar su potencialidad y no deben “adoctrinar”, sirviendo para que todos los integrantes de la comunidad responda de la misma manera, por el contrario debe formarse para ser responsable y responder por las elecciones realizadas con su participación, responsabilizándose por sus decisiones y asumiendo las consecuencias de las mismas.
               Debemos tener libertad para elegir en las normas escolares lo que consideramos importante practicar, aprender y/o saber. No debemos permitir que otros decidan dictando normas que son ajenas a nuestro ser y sentir.

LAS NORMAS DE CONVIVENCIA SON PRODUCTO DE LA PARTICIPACIÓN.
                              Los integrantes de la comunidad deben participar creando las normas ejercitando la libertad en la elección y consenso de los contenidos al momento de crear las normas de convivencia, para después observar en la práctica, los aspectos que se deben reformar para mejorar lo establecido.
               Todo aquel integrante de la comunidad escolar que no participe de la creación y consenso de las normas escolares, sea padre, alumno, docente, directivo etc.; deberán soportar que las mismas sean impuestas por terceros de la propia escuela o lo que es peor por individuos ajenos a la unidad educativa, como sucedió hasta ahora en las estructuras de la educación.
               La participación consiente en la formulación de los mandatos que contengan las normas de convivencia de conformidad con los valores que cada comunidad resuelva introducir, concluirá con la escuela autoritaria de hoy en día que impone mandatos sociales y culturales contenidas en “códigos” de convivencia elaborados por personas ajenas a la escuela y a la comunidad educativa. Hoy no dejan lugar para la participación, ya que solo se requiere el conocimiento y la adhesión a normas impuestas por el sistema jerárquico y no por la sociedad escolar.
               Estamos acostumbrados a vivir en forma automática y rutinaria, no admisible en estos tiempos de cambios rápidos y vertiginosos que hace que lo aprendido ayer no sirva para mañana, por lo que son necesarias normas abiertas, que puedan modificarse cuando surja la necesidad de adaptarlas, manteniendo un compromiso de participación y estudio de lo normado en forma continuada,  como modo de vida en la convivencia escolar comunitaria.
               Además de participar en forma continua la comunidad educativa debe seleccionar y elegir sus propios valores, lo que serán volcados a la letra de las normas a elaborar o reformar, con  total libertad para plasmar el estilo de vida que entre todos acuerden practicar.
               Muchos se preguntaran que hacer para que participen todos los integrantes de la comunidad educativa en la conformación de las normas de convivencia que regirán en el ámbito escolar; aconsejamos que para ello se usen los medios tecnológicos de uso social, como el internet, redes sociales, mail y/o mensajes por teléfono celulares, para conocer, consensuar y armonizar entre todos los integrantes de la comunidad, los contenidos de cada norma de convivencia que se vaya elaborando.
               Con el sistema propuesto, no habrá excusas para que padres con poco tiempo, participen y acuerden las normas de su escuela.
               El mundo hoy, con sus cambios vertiginosos, exige que las normas escolares sean revisadas permanentemente y modificadas mediante la vigencia de un sistema práctico y rápido, es decir un derecho abierto y flexible, que permita adaptar las normativas vigentes a los cambios que se producen en la sociedad y en la escuela.

ELIMINAR LAS NORMAS QUE SE NUTREN  EN LA VIOLENCIA REPRESORA
               Lo que hoy debemos trabajar en el laboratorio escolar, es en eliminar las sanciones para el incumplimiento de lo prescripto en las normas de convivencia, ya que el castigo obliga, al comprendido por el mandato de la norma, a someterse al cumplimiento de la regla por miedo (emoción negativa ¿Mal trato escolar?) a la consecuencia represiva y no por asumir la responsabilidad consciente de que acatan lo establecido por estar convencido de que contribuyen al bien común y a la paz social (valores positivos y altruistas).
               La comunidad educativa debe asumir la responsabilidad de sus decisiones plasmada en las normas de convivencia sin utilizar la dualidad del premio y castigo.
               Cuando participo en la conformación de las normas que nos rigen y acepto su contenido en forma consciente -no impuesta u obligado-  ejerciendo la libertad para conformarla y el consenso para acordarla, asumo en forma inmediata la consecuencia de su elección y de su cumplimiento.
               Es decir que cambiar el miedo al castigo o un premio para el cumplimiento de la norma, por la concienciación del valor de su cumplimiento, significa ser consciente de que lo prescripto en la misma, es lo mejor para mi persona y todos los otros integrantes de la comunidad escolar que intervinieron en su composición.
               En un momento en que las viejas estructuras y las antiguas tradiciones se están desintegrando, docentes y padres advierten a diario la pérdida de autoridad y ven que sus órdenes son menos respetadas, por lo que debemos basar el cumplimiento de lo normado en vivir conscientemente y comprometernos respetar lo acordado y normado como forma de vida.
               Debemos practicar y ser consciente que el respeto a las normas de convivencia no se fundamenta en la motivación emocional del premio o el castigo, sino en la responsabilidad de asumir las consecuencias de su acatamiento.
               La violación de las normas que libremente elegimos, debe llevarnos al arrepentimiento de haber obrado como lo hicimos y el deseo consiente de no repetirlo para que funcione este método propuesto que elimine el premio o el castigo como factor esencial para que se cumpla lo normado por la comunidad escolar.
               En el arrepentimiento del no cumplimiento a lo prescripto debe estar presente en nosotros la voluntad de transformarnos en personas responsables, de agradarnos y no defraudarnos.

               Hoy se entiende por responsabilidad hacer lo que se “debe” por un mandato externo; pero para el derecho que proponemos; ser responsable es hacerse cargo de las decisiones propias y asumir las consecuencias.