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lunes, 10 de junio de 2013

EL DERECHO EDUCATIVO EN LA CAPACITACIÓN EMOCIONAL



Hasta ahora la escuela y el Derecho Educativo no utilizaron la inteligencia emocional como herramienta fundamental para cambiar el paradigma estructural que sigue vigente en nuestras escuelas y en la formación de los alumnos.

El Plan de Derecho Educativo para la Convivencia Escolar (PDECE) propone usar la inteligencia emocional para lograr tener éxito en el cumplimiento de las normas de convivencia por parte de toda la comunidad educativa.

Entendemos que trabajar con las emociones en el ámbito escolar nos ayudará a la hora de hacer los acuerdos de convivencia, aprendiendo a relacionarnos y vivir mejor en comunidad.

La trama de las emociones y de los afectos se ha mantenido oculta en la escuela. Sin embargo, todos sabemos que es una parte fundamental de la vida de la institución y de cada uno de sus integrantes.

La escuela ha sido tradicionalmente el dominio de lo cognitivo. En la escuela se pregunta, casi obsesivamente: ¿tú qué sabes? No es tan frecuente escuchar esta pregunta: ¿tú qué sientes?

La convivencia se ha planteado exclusivamente como un modo de conseguir un clima o un ambiente propicio para el aprendizaje. Por eso se ha sobredimensionado la disciplina.

Es necesario, pues, ser conscientes del enorme potencial que tiene para cada individuo y para la institución escolar ese incalculable tesoro de los sentimientos y de las emociones.

Hay sentimientos hacia uno mismo, hacia los otros, hacia la escuela, hacia la sociedad. Hay sentimientos generados y desarrollados por la escuela. Hay sentimientos en la relación de todos los integrantes que están en ella.

Las teorías sobre la inteligencia emocional han abierto una brecha en la monolítica visión cognitiva de la inteligencia, del aprendizaje y de la institución escolar.

Daniel Coleman, en su libro “La inteligencia emocional” expresa que: “la alfabetización emocional amplia la visión que tenemos de la tarea que debe cumplir la escuela, convirtiéndola en un agente más concreto de la sociedad para asegurarse de que los niños aprendan estas lecciones esenciales para la vida”.

El autor citado concluye expresando que: “el optimo desarrollo de un programa de alfabetización emocional se da cuando comienza tempranamente, cuando es apropiado a cada edad, se lo sigue a lo largo de toda la etapa escolar y aúna los esfuerzos de la escuela con los de los padres y los de toda la comunidad”. Termina preguntándose “¿No deberíamos estar enseñando estas habilidades esenciales para la vida a todos los niños ahora más que nunca? Y si no es ahora ¿Cuándo?”.


Un cambio del derecho escolar necesario y urgente

La cultura de la escuela actual está asentada sobre rituales, normas, costumbres que están previamente fijadas o que son modificadas de forma habitualmente jerárquica.

El cambio de paradigma se estructura por la transformación de una norma basada en la coerción y la coacción; que es impuesta por el miedo a la sanción;  por otra normativa escolar cuyo cumplimiento se produce por la concientización de todos los sujetos intervinientes, sobre la necesidad de su cumplimiento para el objetivo del bien común.

La misión del Derecho Educativo y su plan de convivencia se centraliza en el objetivo de cambiar el paradigma del miedo en las normas escolares.

Cuando estamos con miedo se genera una violencia que puede ser dirigida hacia uno mismo o a otros.

Debemos aprender y enseñar que no necesitamos establecer el miedo (por la sanción) en las normas para su cumplimiento para disfrutar de una vida sin violencia.

Debemos ser conscientes que las fuentes del miedo provienen de un sistema normativo autoritario, sancionatorio y represivo, que debemos cambiar para erradicar la violencia que existe actualmente en la escuela y en la sociedad.

El miedo expulsa de tu vida, a la inteligencia, la bondad, la belleza y la verdad y al final llega a expulsar del hombre la humanidad misma.

Debemos aprender a que podemos descartar este tipo de normativa y reemplazarla por normas nuevas que nos ayude a convivir en paz y armonía.

Cuando tomemos consciencia de ello y logremos practicarlo, podremos gozar de la mejor convivencia escolar y social.

Aprender a ser

Es uno de los cuatros pilares que contiene el informe a la UNESCO de la comisión internacional sobre educación para el siglo XXI (Delors 1996), aprender a ser, para poder vivir juntos y aprender a vivir con los demás.

Aprender a ser para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal.

Debemos recordar que la paz empieza por uno mismo, cuando nosotros hayamos logrado alcanzar la paz interior, podremos producir armonía a nuestro alrededor.

El miedo debe ser superado una y otra vez.

El principal valor a inculcar a cada uno de los integrantes de la comunidad educativa es el de honrar los compromisos que establezcan en los acuerdos de convivencia, paso fundamental para evitar la sanción y la pena como medio eficaz del cumplimiento de la norma.

Debemos prestar especial atención a los compromisos que establecemos en las normas de convivencia y cuando –por algún motivo- no podamos cumplirlo, honremos nuestra acuerdo haciéndonos cargo y restableciendo un nuevo compromiso.

En definitiva el Derecho Educativo debe propiciar que las normas de convivencia fomenten el compromiso para lograr la cooperación, la empatía, la conciencia social de su cumplimiento.


Aprender a convivir aprendiendo a ser

            Para lograr normas de convivencia cuyas características sean la de su acatamiento automático sin mediar ningún premio o sanción, debemos aprender a expresar nuestras emociones en forma no violenta.

            La paz empieza por uno mismo.

            Debemos dejar de al lado la tendencia de seguir a una sociedad cada vez más consumista y narcisista; creando una conciencia de esfuerzo y tolerancia y formar una unidad escolar que acompañe a sus integrantes a conocer, entender y aprovechar las emociones, capacitándose diariamente en lograrlo.

            Para lograrlo debemos entrenar a la comunidad educativa mediante cursos y talleres que lo capaciten en conocer las emociones negativas (enojo, miedo, tristeza,  odio, envidia etc.) alejándose de ellas para poder controlarlas y cambiarlas por emociones positivas de amor y paz.

            Ha llegado la hora de cambiar de paradigma moviéndonos del miedo (a la sanción) al amor incondicional para vivir mejor.

            El temor (al castigo) es la ausencia del amor.

            Albert Einstein expresaba que: “Todos tenemos dos elecciones: estar llenos de miedo o llenos de amor”.

            Las emociones como el amor, la compasión y la felicidad son habilidades que pueden ser aprendidas.

            Debemos adueñarnos de nuestras emociones positivas, antes de que las emociones negativas se adueñen de nosotros.
           
            La comprensión y la concientización de que en cada uno de nosotros existen semillas de violencia, de rencor, de envidia, y de odio que deben ser combatidas y expulsadas de nuestro interior, para poder trabajar con las semillas de perdón, de amor, de comprensión y de paz, que también existen en nuestro interior y que debemos cuidar y cultivar para lograr que sean las que den frutos en las normas de convivencia que realicemos como meta principal de la institución escolar.

            Es imprescindible enseñar a cada una de las personas integrantes de la comunidad escolar a buscar y encontrar dentro de él las barreras que han construido en contra del amor.

            Para ello podemos usar en la escuela una antigua leyenda Cheroque que transcribimos a continuación:


Dos lobos en el corazón

Un viejo indio decía a su nieto: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión."
 
El nieto preguntó: "Abuelo, dime ¿cuál de los dos ganará la pelea en tu corazón?"
 
EL abuelo contestó: Aquel lobo al cual alimentéis.

Hoy sabemos que una cantidad enorme de enfermedades (depresión, ansiedad, fobias) y un sin fin de conflictos (laborales, familiares, personales), no están causados por lo que nos ocurre, sino por el monologo que día tras día enviamos a nuestro interior. Si nuestros pensamientos y decisiones desbordan pesimismo y desesperanza, si no dejamos de criticar y evaluar a los demás y a nosotros mismos, y si solo percibimos defectos, errores, etc...

Entonces nos sentiremos terriblemente desgraciados. Nuestra manera de pensar y decidir provoca sentimientos y actitudes similares a quien nos rodea. Nuestro reto en la vida debe consistir en decidir qué actitud tomar para no enfermar, para relacionarnos con los demás, para vivir. Si decidimos vestirnos con pasión, alegría, optimismo, ilusión, no solo nos beneficiaremos, sino que todos aquellos que nos rodean se dejarán arrastrar por una vida más intensa y productiva.

La tragedia humana sin duda, es tener que elegir durante todos los días de la vida y tener que renunciar a todo aquello que no se elige. Siempre tenemos que enfrentarnos a dos alternativas igualmente interesantes a la hora de escoger. Pero podemos decidir cambiar nuestros valores, ser dueños de nuestro estado de ánimo a cada instante, y sobre todo: reflexionar sobre nuestra existencia. Pues dependiendo de nuestras decisiones y de nuestra actitud positiva: "así será nuestra vida"


Conclusión
            Si sembramos pensamientos destructivos, cosecharemos discordia y caos, si sembramos pensamientos de confianza y seguridad, podemos crear una nueva realidad en nuestras vidas.

            Cuando dejemos de confrontar con la realidad, podemos comenzar a transformarla.

            Por ello es que trabajar con nuestras emociones, entrenándolas para que las mismas logren dar un amor incondicional, hacia los otros integrantes de la comunidad escolar, volcando este contenido emocional en el espíritu normativo de la escuela, no tenemos dudas que se logrará conformar el Derecho Educativo que necesita imperiosamente nuestra sociedad.