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LA CREACIÓN DE LA RED INTERNACIONAL

En 2018 CONGRESO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN EN DERECHO EDUCATIVO EN BRASIL



martes, 5 de junio de 2012

EL DERECHO EDUCATIVO, LA ESCUELA Y LAS EMOCIONES


1.-Introduccion
            Las emociones y los afectos se han mantenido ocultos en la escuela. Las emociones no se quedan a la puerta cuando se llega a ella. Entran con cada persona. Y dentro de la institución se generan y cultivan otras emociones nuevas.
            La hegemonía de la dimensión intelectual ha dejado atrofiada la parcela afectiva. Se han silenciado las emociones, se ha tratado de confinarlas a la esfera privada, se les ha controlado y castigado. Especialmente en los hombres. Y se han ridiculizado en las mujeres.

            A pesar de que se planteaba el desarrollo integral de los individuos como el fin fundamental de la escuela, se suele dejar al margen la preocupación por la educación espiritual.

            Sin una relación positiva con los otros es fácil utilizar el conocimiento adquirido contra ellos. Si se utiliza el saber para oprimir, humillar, explotar, matar, engañar a los demás, el saber se transforma en un arma mortal para todos.

            No se ha considerado una meta la consecución de la felicidad. La pretensión de la escuela es el desarrollo de un curriculum integrado por un conjunto de conocimientos teóricos y de habilidades prácticas. Es decir no se ha planteado intencionalmente la educación de los afectos en sí misma.

            La convivencia se ha planteado exclusivamente como un modo de conseguir un clima o un ambiente propicio para el aprendizaje. Por eso se ha sobredimensionado la disciplina.

            Es una torpeza vivir de espaldas, indiferentes y despectivos, ante riquezas tan deslumbrantes como los sentimientos y emociones de todos los miembros de la comunidad educativa.

            La pretensión de la escuela es el desarrollo de un curriculum integrado por un conjunto de conocimientos teóricos y de habilidades prácticas. El esquema es claro y sencillo: todos tienen que aprender lo mismo, todos han de aprenderlo de la misma forma y en el mismo tiempo, a todos se les ha de preguntar de la misma manera si lo han aprendido. Lo que sucede con el ámbito de lo espiritual es una cuestión descartable.

            No se han tenido en cuenta las repercusiones emocionales del éxito o del fracaso escolar. No es fácil meterse "en la piel" del escolar que es comparado, humillado, interpelado públicamente.

            No se ha tenido en cuenta la vida emocional de los docentes: con qué actitudes llegan al ejercicio de la profesión, qué sentimientos genera en ellos la tarea, cómo son sus relaciones afectivas con los compañeros, con el alumnado, con los directivos, con las familias. No se ha estudiado la forma de envejecer del docente: cómo evoluciona su autoestima a lo largo del ejercicio de la profesión, cómo se va transformando la vida emocional de hombres y mujeres en las escuelas, qué etapas o crisis se atraviesan desde inicio hasta la jubilación y después de llegar al final del camino educativo.

            No deja de ser llamativo este silencio, esta condena, este mutismo de la vida emocional. Tanto la de los docentes como la de los alumnos. Parece que unos son máquinas de enseñar y los otros son artilugios para aprender y obtener buenos resultados. Algunas de esas máquinas son más potentes, están más engrasadas y funcionan mejor. Otras son de peor calidad. Eso es todo. Silenciar, ocultar, despreciar o castigar la esfera de las emociones es un grave error. Porque estamos hechos de sentimientos.

            Es necesario, pues, ser conscientes del enorme potencial que tiene para cada individuo y para la institución escolar ese incalculable tesoro de los sentimientos y de las emociones. Hay sentimientos hacia uno mismo, hacia los otros, hacia la escuela, hacia la sociedad. Hay emociones generadas y desarrolladas por la escuela. Hay emociones en la relación de todos los integrantes que están en ella.

            Los libros de Daniel Coleman (1996, 2000) constituyeron un aporte de gran importancia. La inteligencia se entendía solamente como una capacidad intelectual. La inteligencia emocional "es la capacidad de reconocer los propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos" (Coleman, 2000).

            El aumento de la conflictividad ha generado la preocupación por la convivencia en las escuelas, no sólo en la pretensión de solucionar los conflictos sino en el intento de enseñar respeto y solidaridad. En definitiva, el aprendizaje de la convivencia (Santos Guerra, 2003). Como la escuela no es una institución coercitiva sino educativa, el problema hay que plantearlo desde la vertiente más ambiciosa: ¿aprenden los alumnos a convivir en la escuela?, aprenden a respetarse a sí mismos, ¿aprenden a respetar a los demás?, ¿aprenden solidaridad y compasión con los más desfavorecidos?

            Al aumentar el conflicto (sobre todo cuando se entiende equivocadamente que todo conflicto es negativo y pernicioso) se pretende solucionarlo a través de vigilancia, amenaza y castigos. Suponiendo que de esta forma se erradicase la conflictividad, la pregunta básica seguiría sin respuesta: Cuando desaparezcan la vigilancia, la amenaza y el castigo, ¿habrán aprendido a convivir respetándose?

            La red de relaciones que se establece en la escuela,  no se teje solamente en el aula, aunque éste sea uno de los principales escenarios de la comunicación. Las entradas y salidas, los pasillos, los lugares de recreo, los talleres o laboratorios, etc. son también objetos importantes de relaciones y conflictos,  a tener en cuenta,  para plasmar los acuerdos de convivencia.


2.-La Escuela

            En el marco de la organización escolar se relacionan los individuos entre sí. No todas las relaciones son educativas. Es deseable que todas sean educativas.

            La escuela actual está cargada de relaciones que se articulan sobre el eje vertical de lo jerárquico. La autoridad se ejerce en la escuela de formas diversas y desde ella se estructuran muchas de las comunicaciones que es establecen entre sus miembros.

            El conocimiento que se imparte en la escuela es el establecido previamente por la autoridad académica o científica. En el aula, la naturaleza misma de la tarea y las estructuras de participación que se diseñan para llevarla a cabo, se configuran en torno a este hecho básico: el conocimiento lo tiene el profesor y él es el encargado de garantizar su transmisión a los alumnos y la comprensión del mismo por parte de éstos.

            Inevitablemente este hecho lleva consigo relaciones de sumisión, dependencia, subordinación y sometimiento. Si uno sabe y los demás aprenden, si uno habla y los demás escuchan, si uno tiene la verdad y los demás tienen que asimilarla, la relación que se deriva es de carácter vertical. La relación jerárquica está asfixiada o atrofiada en aras de la verticalidad que exige el conocimiento verdadero.

            En torno a la evaluación se producen numerosos momentos en los que se hace manifiesto el poder: decidir sobre su existencia, establecer los criterios, fijar las fechas, hacer comentarios, atribuir causas, imponer castigos, plantear exigencias, establecer comparaciones, atender reclamaciones, hacer rectificaciones...

            Son muchos las emociones que se desarrollan en torno a la evaluación. Tanto en los evaluadores (se angustian, disfrutan, se apesadumbran, se ensañan...) como en los evaluados (tienen miedo, sienten rabia, les duele el fracaso, sienten la alegría del éxito.).

            La cultura de la escuela está asentada sobre rituales, normas, costumbres que están previamente fijadas o que son modificadas de forma habitualmente jerárquica. Las normas no regulan a todos los integrantes de la comunidad educativa,  son para los alumnos y es a ellos a quienes se exige su cumplimiento y sobre quienes se aplican las sanciones. No conozco ni un solo caso en el que los directores y docentes hayan sido castigados por los alumnos,  ante el incumplimiento de una norma: un retraso injustificado, una falta de respeto, una equivocación importante, desmotivación y/o falta de interés.

            Los reglamentos de organización, funcionamiento  y/o convivencia no suelen estar elaborados democráticamente, ni con la participación y aprobación de toda la comunidad educativa.

            El contexto de la organización influye en el signo de las comunicaciones. En una cultura escolar en la que domine el autoritarismo es fácil que tengan lugar relaciones de esta naturaleza entre los miembros de la comunidad escolar.

            En la escuela, desde el punto de vista educativo sobre todo, aunque también desde la perspectiva del análisis social, nos importan las relaciones entendidas como auténticas comunicaciones interpersonales. Es decir, que una muestra de respeto (ponerse de pie, prestar al compañero los apuntes, saludar al encontrarse con el Director...) no siempre es reflejo de una actitud interior respetuosa. Hay partes de las relaciones que permanecen ocultas por la influencia de la cultura. ¿Qué importan las muestras de respeto si por dentro se producen sentimientos de rechazo, desprecio y odio?

            Muchas de las relaciones que se establecen en la escuela están centradas en la dimensión afectiva, no tanto como en la estricta dimensión intelectual que constituye el aprendizaje.

            Las emociones suelen ocupar la cara oculta de la organización escolar. No son objeto de interrogación y de análisis. La mayor parte de las preguntas que se realizan en la escuela está dirigida a la transmisión del conocimiento, no al cultivo de la espiritualidad. Lo que importa es si aprende, no si se es feliz.

            Las dimensiones intelectuales del aprendizaje han dejado sumidas en la penumbra las preocupaciones por el mundo de las emociones. La esfera ceñida a los sentimientos ha sido objeto de atención en la medida que obstaculizaba o impedía el aprendizaje, pero no como objeto directo de la atención educativa.

            El currículum oculto de la escuela tiene amarrados numerosos, subrepticios y omnímodos efectos sobre nuestro aprendizaje de la convivencia. Se pueden conseguir efectos positivos a través del currículum oculto de la escuela.

            No debe ser ésta una tarea exclusivamente encomendada a los Departamentos de Orientación o a los tutores de cada aula. Ha de ser una tarea compartida por todos los miembros de la comunidad. Y en ella incluyo a las familias. No hace falta ser un especialista en psicología para evitar las profecías de auto cumplimiento, para ayudar a que los alumnos se expresen, para exigirles respeto mutuo, para facilitarles la expresión pública de sus ideas y sentimientos, para felicitarles por algo bien hecho, para mostrarles afecto,  para cultivar la espiritualidad.

            La educación emocional exige intencionalidad (no se consigue el desarrollo pleno de forma espontánea o como fruto del azar), planificada (exige unas pretensiones claras, una metodología eficaz y un proceso de evaluación exigente), colegiada (no se consigue sin la colaboración de todos) y sin que esa participación de toda la comunidad educativa se plasme en los acuerdos de convivencia de la escuela.

            Se trata de alcanzar el conocimiento y la aceptación de cada uno, el conocimiento de los otros, una relación respetuosa y solidaria, la vivencia y la expresión plena de las emociones, el desarrollo de habilidades sociales, el conocimiento y desarrollo sano y equilibrado de la personalidad.

            Pero la formación no se logra sólo a través de conocimientos. Es necesario propiciar experiencias de comunicación abierta, sincera y auténtica que le ayuden a crecer en libertad y en el respeto a la propia dignidad y a la dignidad del otro.

            La persona está en todo y todo le afecta. Los sentimientos, las emociones y la sexualidad son parte esencial de cada individuo. Su desarrollo integral conlleva el cultivo de esta dimensión.


3.- El PDECE

            El Plan de Derecho Educativo para la Convivencia escolar (PDECE) se propone que los individuos alcancen la felicidad a través de su desarrollo integral, de la aceptación de sí mismos y de la buena relación con los otros integrantes de la comunidad educativa por medio de las normas de convivencia.

            Hablar de educar emocionalmente por medio del PDECE;  significa que hay un plan, un proyecto, una planificación intencional que pretende alcanzar los fines a través de determinadas estrategias en el laboratorio escolar. No es todo espontáneo, sino a través del consenso en los acuerdos de convivencia.

            Decir que es sólo la familia el ámbito de la educación emocional significa dejar desamparadas y sin esa ayuda precisamente a los hijos de las familias más desfavorecidas, más desarticuladas, menos conscientes de la importancia de esa tarea. Significa que se vuelve a castigar a quienes ya estaban cultural, social y económicamente castigados.

            Por esa razón el PDECE plantea como eje principal de esa tarea a la escuela, y como generadora de la misma a la comunidad educativa, volcando toda su experiencia en las normas de convivencia escolar. Normas que tienen que ser consensuadas, abiertas y consentida por todos, como lo tenemos expresados en documentos anteriores.

            Hay que saber reconocer, afrontar y recibir las emociones de los otros. Somos seres en relación. El aprendizaje de la vida emocional exige la relación efectiva y afectiva con los otros. No hay yo sin tú.

            En un mundo culturalmente cada vez más diverso, es necesario saber qué sienten los otros y cuál su modo de expresarlo. Cada cultura tiene una forma de vivir y de expresar las emociones. Cada día más las escuelas se van a convertir en un crisol de culturas. Encerrarse en sí mismo es un empobrecimiento y un error.

            Hombres y mujeres compartimos una sociedad que hemos de hacer cada día mejor. Aprender a conocer al otro, a respetarlo, a escucharlo, a dialogar, a compartir, son exigencias de la comunidad educativa para poder lograr los acuerdos de convivencia.

            Si la escuela es una institución en la que se ejercita la democracia, los alumnos aprenderán a vivir los valores. Para ello hace falta que ésta no se conciba solamente como un mecanismo formal sino como un estilo de vida. La democracia se sustenta en el respeto, en la libertad, en la justicia, en el diálogo, y en la solidaridad. Esos han de ser valores acrisolados en la vida cotidiana de la institución.

            La educación emocional no consiste, pues, en incluir una nueva "asignatura" en el curriculum. Se trata de que una de las prioridades de la escuela sea el desarrollo emocional y el aprendizaje de la convivencia. Una prioridad sentida por todos, asumida por todos y en la que todos se sientan comprometidos. La educación espiritual cobra eficacia cuando es fruto de un planteamiento intencional y colegiado.

            La escuela tiene que ir modificando sus funciones y el modo de llevarlas a cabo a medida que nuevas necesidades, nuevas exigencias o nuevos descubrimientos hacen variar la clásica misión que venía desempeñando en la sociedad.

            La estrategia fundamental que hará posible el avance es construir democráticamente un proyecto educativo que contemple, de forma intencional, colegiada y progresiva el desarrollo emocional de los miembros de la comunidad educativa por medio de su participación en los acuerdos de convivencia.

            Un proyecto que permita, en la vida cotidiana, desarrollar relaciones enriquecedoras. Relaciones que respeten la diversidad, que tengan en cuenta las emociones y que persigan la felicidad de todos y de todas.

            En la medida que todos los integrantes de la comunidad compartan el propósito y sean fieles al compromiso, se conseguirá plasmar en los acuerdos de convivencia la educación emocional y volcar en las normas escolares la dinámica del cambio, que conduzcan a la mejora de las relaciones escolares.
http://www.derechoeducativo.mex.tl/980890_EL-DERECHO-EDUCATIVO--LA-ESCUELA-Y-LAS-EMOCIONES.html

martes, 29 de mayo de 2012

Principios jurídicos inherentes a los acuerdos de convivencia escolar


Como expresara Hans Kelsen: “El Derecho es por esencia un orden para preservar la paz”. La idea de derecho, por lo consiguiente, va unida al concepto de paz de modo que su justificación debe fundarse en el conjunto de principios jurídicos existentes  que se transcriben a continuación y deben ser tenidos en cuenta al momento de crear los acuerdos y normas de convivencia escolar.
De subordinación: Esto significa que toda norma de un establecimiento escolar debe estar sujeta a derecho. Por ende, debe ser acorde a las Constituciones Nacional y Provincial y al sistema jerárquico de leyes.
De igualdad y no discriminación, establecido en nuestra Constituciones y leyes, especialmente en la Leyes Nº 26.206 y 26.061 que regulan la educción nacional y la protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. En el ámbito escolar, dicho principio significa que todos los niños, niñas y jóvenes son iguales, sin distinción alguna, independientemente de la raza, el color, sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico, social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquiera otra condición del niño, de sus padres o tutores.
                Se entiende que la norma es para todos y con igualdad de condiciones. Este requisito está estrechamente vinculado con la eliminación de la "arbitrariedad", al igual que la aplicación del procedimiento disciplinario. La arbitrariedad daña la relación y es un acto de injusticia en cualquier contexto de convivencia humana.
De legalidad: Este principio comprende dos aspectos: por una parte se espera que las normas describan los comportamientos que se van a sancionar; y por otra que las sanciones que se impongan sean proporcionales a la falta y a la responsabilidad que le cupo a la persona
De información: Las normas de convivencia deben ser puestas en conocimiento y aceptada por todos los actores de la comunidad educativa. Este es un principio básico en cualquier sociedad democrática. Y es una condición que obliga, a los que están en el nivel superior de la jerarquía escolar, a difundirlas y a los que están en el nivel inferior de la jerarquía, a buscar acceso a la información. Por tanto, está asociada también a los procedimientos y canales de información de la comunidad escolar.
De formación: En el ámbito escolar, la norma debe tener un carácter formativo para las personas, es decir, que el sentido de la norma sea consecuente con la misión institucional.
                Las normas de convivencia constituyen una carta de derechos y deberes de las comunidades educativas.
                Para una convivencia sana las normas deben satisfacer al menos dos principios básicos: la legitimidad y la justicia.
a. Legitimidad: Concordamos en que toda la comunidad debe sentirse siempre efectivamente interpretada por las normas de conducta que los rigen. En primer lugar, dichas normas deben generar un marco de convivencia adecuado para la misión fundamental del establecimiento escolar, cual es la formación de los alumnos. En segundo término, es fundamental la participación de los padres, los estudiantes y los docentes en su discusión y aceptación. Nos comprometemos e invitamos a las comunidades educativas a abrir la participación de la comunidad en la elaboración, revisión o modificación de los acuerdos de convivencia, lo cual posibilita una mejor gestión escolar y un ambiente educativo más democrático.
 b. Justicia: La aplicación de sanciones en el proceso educativo no debe ser contradictoria con la esencia de su objetivo final, esto es, ser una instancia que eduque y forme a los niños, niñas y jóvenes. Por ello, las sanciones deben estar previamente establecidas y ser conocidas y aceptadas por toda la comunidad escolar. Toda comunidad educativa debe contemplar en sus reglamentos internos los órganos y los procedimientos a través de los cuales estas sanciones se aplican. Esto es necesario para cautelar la efectiva vigencia de los derechos de todos los involucrados. Estos procedimientos, a su vez, deben ser conocidos, transparentes y documentados. El estudiante y su familia tienen siempre el derecho a hacer sus descargos y solicitar la reconsideración de la medida. La escuela debe ser ella misma una anticipación del orden justo que queremos para la sociedad.
                La expulsión y la no renovación de matrícula representan medidas extremas que deben ser evitadas y deseablemente erradicadas de nuestras escuelas. Ellas dan cuenta del fracaso del establecimiento en su objetivo de desarrollar ciertas aptitudes y valores en el estudiante. Además constituyen hechos delicados que acarrean consecuencias significativas para el alumno o alumna y su familia.
                La labor de la escuela es educativa y formativa en conocimientos y valores. La aplicación de una medida extrema como la expulsión o la no renovación de matrícula requiere necesariamente que el establecimiento haya recorrido un camino "de acompañamiento" del alumno que estaba experimentando dificultades. La labor educacional es pedagógica y no punitiva, por lo que debe buscar siempre la reorientación de las conductas cuestionadas. Las escuelas deben realizar los esfuerzos necesarios para evitar que la marginación escolar se transforme sólo en un asunto administrativo.
                Si pese a todo, lamentablemente el alumno o alumna es marginado de la comunidad escolar, las obligaciones de la escuela no se agotan ahí. Teniendo en vista el interés superior del estudiante y el compromiso asumido con su formación, las escuelas deben orientar y apoyar a los padres respecto de alternativas educativas que contribuyan al positivo desarrollo y evolución del estudiante que ha tenido problemas y colaborar en su reubicación. Los padres tienen el derecho a elegir el establecimiento educacional de sus hijos y es tarea de los educadores y las autoridades informarlos adecuadamente sobre las opciones educativas que tienen. Debemos buscar todos los mecanismos que hagan más eficaz esta tarea, pues se encuentra comprometido el derecho de un niño, niña o joven a la educación.
                Creemos que todas las comunidades escolares debieran observar los siguientes principios ante tan delicada y dolorosa situación.
a. Argumentación: Concordamos en que la decisión de expulsar y de no renovar la matrícula son medidas extremas. La comunidad educativa debe comprometerse a que éstas sean fundadas y a que consten por escrito las razones y el procedimiento seguido.
b. Información: Ello exige que todos los miembros de la comunidad conozcan las normas de convivencia, lo que obliga a emprender acciones para asegurar su difusión y comprensión. La distribución de una copia de las mismas a los padres y/o tutore es una medida necesaria, pero no es suficiente.
c. Transparencia: Todo el proceso de marginación debe sustentarse en la transparencia para que tenga la necesaria legitimidad. Para ello, los procedimientos destinados a dar por acreditadas las conductas indebidas y la aplicación de la expulsión o de la no renovación de matrícula deben ser objetivos y claros. El reglamento interno debe establecer normas expresas acerca de las causales de expulsión y de no renovación de la matrícula. La conducta debe ser descrita de modo específico y dejarse constancia del valor o principio vulnerado en cada caso.
d. Participación: Todo el proceso disciplinario tiene como finalidad la formación. Nos comprometemos a que la expulsión y la no renovación de matrícula estén precedidas por un procedimiento en que tomen parte la dirección del establecimiento, el estudiante afectado y sus padres y/o tutores, con la intervención sine qua non del Consejo Escolar. Instamos a las comunidades educativas a establecer en sus escuelas un cuerpo colegiado (Consejo Escolar), constituido por todos los integrantes de la comunidad educativa, cuya recomendación sea indispensable para adoptar la medida de expulsión o cancelación de matrícula.
e. Apelación: Valoramos e instamos a que los acuerdos de convivencia incluyan una instancia de reconsideración y de apelación que asegure el derecho de defensa y el debido proceso. Ello otorga nuevas posibilidades para que el o la estudiante afectado/a se integre de una manera adecuada a su comunidad, y que la aplicación de la sanción en sí misma pueda constituir una oportunidad educativa para todos los participantes en el proceso.

jueves, 10 de mayo de 2012

La concientización como elemento fundamental


El Derecho Educativo emplea a la escuela como un laboratorio social, para procurar la legitimación del derecho; y la escuela debe emplear al derecho para concientizar a toda la Comunidad Educativa –no solamente a los alumnos- de una participación democrática activa en la conformación y aplicación de las normas de convivencia escolar.
Proponemos que el Derecho Educativo elabore en cada ámbito escolar un programa especial que denominamos “Plan de Derecho Educativo para la Convivencia Escolar (P.D.E.C.E.)” con el objeto de activar diariamente la concientización de la Comunidad Educativa y tendiente a que la misma elabore y experimente sentimientos y pensamientos propios basados en valores genuinos, que conformen normas de convivencia sostenidas por el deseo del bien común y dirigidas a privilegiar la cultura de paz; y que su realización se formalice por medio de la aceptación de todos y el deseo ferviente de no querer imponerle al otro sus razones, sino que las normativas se basen en el respeto a los sujetos que integran el ámbito escolar y comunitario.
Pero para lograr este objetivo, primero el derecho debe ser transformado en su visión y concepción.
El derecho debe dejar de ser represivo, basado en el miedo al castigo para lograr su cumplimiento. Precisamente el derecho fue perdiendo legitimidad y consenso en la sociedad, a medida que los preceptos impuestos querían manipular la conducta de las personas, por medio de la sanción o el soborno, produciendo en ellas una resistencia, al ser obligados a obedecer una disposición autoritaria, impuesta por otros sujetos, sin su participación ni aceptación, y que tampoco se basaba en valores fundamentales ni estaban destinadas al bien común.
El derecho en el laboratorio escolar debe ser conformado y aceptado por todos los integrantes de la Comunidad Educativa, que tiene necesariamente que participar y tener conciencia plena de que las normas de convivencia que se pone en vigencia en el ámbito escolar, deben ser respetada por su perfil especial, y que la mismas tienden a lograr, el bien común de todos y cada uno,  de los sujetos que integran la comunidad escolar.
Si la “nueva escuela” no se va a conformar en un Homo Sapiens, sino en un Homo Noeticus (hombre de conciencia); debemos trabajar para lograr que el nuevo derecho se base en la conciencia de su acatamiento y no en el cumplimento por miedo a la sanción.
Para poder lograr esta transformación del derecho debemos estructurar u plan especial (P.D.E.C.E.), para implementar en las escuelas la formación futura de una Comunidad Educativa concientizada en hábitos de aceptación y respeto por el otro y de confianza en solucionar sus diferencias por medio de la negociación, escuchando y comportándose como una persona que sabe estimular al prójimo y dar amor.
Para conseguirlo, lo primero es organizar el ámbito escolar de tal forma que todos y cada uno de los integrantes de la Comunidad Educativa puedan participar de la actividad diaria escolar, involucrándose en la misma, interesándose por la institución escolar, y que cada integrante de esa comunidad, docentes, alumnos, padres, no docentes, ex alumno etc.; esté preparado para comprender que lo único valedero para alcanzar los objetivos de bien común es conseguir vencer los obstáculos que se presenten por medio de la negociación permanente y continua.
También es necesario consignar que para lograr trasformar nuestra conducta actual, debemos comprender y practicar concientizarnos que es necesario eliminar hábitos de culpar al otro, de quejarse, de criticar, de insistir, de amenazar, de castigar o sobornar al prójimo. Estos malos hábitos lo debemos trasmutar por hábitos de aceptación y estimulación de los otros integrantes de la comunidad escolar; debemos aprender a escuchar al otro y respetar sus ideas, no discriminando y apoyando el bien común y confiando siempre que podremos solucionar nuestras diferencias por medio de la mediación.
Todo estos hábitos deben estar aprendidos y practicados,  formando una conciencia clara en todos los integrantes de la Comunidad Educativa, antes de que se plasme el nuevo derecho en las normas de convivencia escolar, con la participación y aceptación de todos y cada unos de sus integrantes.
Es nuestra propuesta que el derecho se emplee en la escuela como un soporte principal de cambio de conciencia y hábitos destinados a formar una nueva humanidad, lejos de los vicios actuales que desencadenan violencia y frustración en la comunidad mundial.
Es nuestro anhelo que este plan de cambio en la pedagogía y en el Derecho Educativo se lleve a cabo en todas las comunidades y escuelas, realizándose talleres y cursos de perfeccionamiento, cuyos objetivos sean la concientización de los docentes, padres y adultos de la necesidad del cambio y la transformación, para lograr en definitiva que por medio de la escuela se permita en forma inmediata que los niños/as y adolecentes se les brinde una educación acorde a su alta sensibilidad física y emocional, atendiendo en forma especial su aspecto social, ético y espiritual.
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